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Nada más entrar, María Ramirez ya sabía que árbol que fotografiar, nada más y nada menos que un Salix babylonica o Sauce llorón, así trascurrió el día, uno tras otro, elegía su árbol. Elena fue la segunda, María Arias y Aaron la siguieron. Aaron con el cipres de pantano , raro y majestuoso, se alzaba desde el agua al Palacio de Cristal.
Pero no fue el único árbol que nos llamo la atención, al lado crecía un árbol que se asemejaba a un gran Bonsái.
Más curioso fue entrar en una pequeña cascada situada en la misma zona.
Recuerdos de infancia, florecieron de nuevo en los protagonistas de esta historia, como árbol en primavera.
Manu y Javier seguían buscando, la espera tuvo tuvo su recompensa cuando encontraron por fin sus árboles.
Al final no fue un día de trabajo, sino todo lo contrario: aire libre, caminos que recorrer,
tiempo para disfrutar con los amigos, divertirse, emocionarse con el enterno que nos ofrecía el Retiro desde el día hasta la noche.